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Nuestras razas

Gochos y oveyas asturianos

Los gochos asturceltas y las oveyas xaldas llevan tanto en esta tierra como los meandros del Nora

Bueno, vale, quizás estamos exagerando un poco...

Pero lo que sí es cierto es que ambas razas ya eran mencionadas en crónicas romanas que elogiaban el exquisito jamón de Asturias (¿pero estos romanos a dónde se creían que venían?) y la cálida lana de xalda.

Además de su profunda asturianía, comparten algo más: ambas estuvieron al borde de la desaparición. Su valor patrimonial es incalculable, ya que son una herencia viva de nuestros antepasados y forman parte esencial de nuestro acervo cultural.

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Estas razas destacan por su adaptabilidad al clima y terreno asturianos, siendo ejemplos de rusticidad que les permite prosperar en un entorno lluvioso y abrupto.

 

Además, su crianza en pastoreo extensivo no solo enriquece y mejora el suelo, sino que también conserva nuestros espacios naturales, revitalizando el modo de vida rural y manteniendo viva la tradición. A pesar de su importancia, siguen en peligro de extinción, por lo que para nosotros es un deber moral protegerlas y fomentar su crianza, asegurando que sigan siendo parte de nuestro futuro.

Gochu asturcelta

Cuando la Asociación de Criadores de Gochu Asturcelta se fundó a principios del siglo XX, en el Asturias solo quedaban cuatro ejemplares. La raza, casi extinta por la fusión con otras más comerciales, logró sobrevivir gracias al esfuerzo de criadores apasionados. Hoy, su carne es un manjar de la cocina asturiana, famosa por su calidad y sabor.

 

El gochu asturcelta se distingue por sus grandes orejas, que a veces le tapan los ojos, dificultando la visión. Se guía por el oído, aunque con poca precisión (son bastante torpes). Su rabo termina en un mechón de pelos largos y su hocico es subcóncavo, es decir, ligeramente curvado. Son cerdos robustos, de huesos grandes y carácter fuerte. Su carne es especial por la grasa infiltrada, que le da un sabor inigualable.

 

Esta raza autóctona de Asturias tiene un origen celta y su existencia está documentada desde la Edad de Hierro. Los Astures ya criaban estos cerdos, como lo demuestran hallazgos arqueológicos. Estrabón, historiador romano, mencionó la calidad de los jamones de los cerdos cantábricos (sabía latín, el tío).

 

Resistente y rústico, el gochu asturcelta es ideal para el pastoreo extensivo en los montes asturianos. Su cría en libertad no solo mejora la calidad de la carne, sino que también limpia los montes, reduciendo el riesgo de incendios. Al hozar, estos cerdos eliminan la maleza y airean la tierra, beneficiando el ecosistema.

 

Conocido también como "gochu de la oreya llarga", este cerdo no solo es un símbolo gastronómico, sino también un aliado en la conservación del paisaje asturiano.

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